17/07/2013 10:57

Estaba sentado, como siempre en su lugar, con sus anhelos y recuerdos, con las cosas en las que no quería pensar. Se sentía solo, pero no con una común soledad, era algo más profundo y frío, es la sensación de estar huyendo de los recuerdos que lo acechaban en cada esquina, cada canción y fotografía.

 Ya no era el mismo que amaba, ahora odiaba o simplemente no sentía. Era un hombre distinto con las mismas ilusiones, con las mismas metas sin cumplir, pero no, ya no era el mismo. Ahora hacía música, ahora cantaba, era fuerte y se enfrentaba a los demonios que hacía años no pudo y de los que huyó.

 Pero había algo que no sanaba, una herida que estaba abierta como un río por sus venas, era ella, la que nunca tuvo por más cerca que estuvieron en una cama compartida. Ella, la hermosa, cara perfecta, sonrisa intrusa que lo conquistaba en su imaginación, que lo hacía necesitarla cruelmente y lo desechaba cuando ignoraba sus palabras.

 En tiempos lejanos hubieron abrazos y besos, hubo pasión, sudores y sexo, en esos tiempos que existieron solo para él y que ella desechó como algo de una tarde, que pudo haber sido con cualquiera. 

Él era la bestia de ese cuento y su bella nunca quiso vivir en el mismo castillo, él sostenía una rosa marchita desde hace tres años, muerto, cansado, aún buscándola a oscuras en el primer escalón de las escaleras que lo llevaban hacia el cielo y su bella siempre furtiva y despreocupada, siempre diciendo que no con los "si" que salían de su cuerpo.

Y por fin lo decidió, tuvo el valor de levantarse de su lugar, el maldito, el poeta muerto. Y encontró en los ojos de su amada un sol y una luna, el primero brillante e interesado, pero con problemas que lo ataban a la distancia; la segunda oscura y fría, una mirada que sabía que lo controlaba y lo perdía en sus más oscuros deseos y emociones. 

Todo lo que pudo hacer fue ver a sus astros, no podía moverse, ni lo quería. No podía vivir y aún así no moría. 

Pobre del poeta muerto, vinculado está a su historia .

02/06/2013- 08: 02 pm

Despierto. Abro los ojos. Estoy de nuevo en el mismo pasillo, en el mismo lugar por donde camino todo el tiempo, las paredes azules, la pintura desprendida por partes sólo evidencia el deterioro en el que se encuentra el edificio y al final de ese gran pasillo, como siempre, está la puerta, grande y blanca a la que me acerco. La abro con temor, sé lo que está dentro pero siempre me golpea como si fuese la primera vez que se encuentra en mi vida. Esa belleza siempre me toma por sorpresa.

Al otro lado encuentro luz y magia, una habitación blanca iluminada por sólo ilusiones muertas en donde espero la justificación para sentir lo que contigo sentía; en donde busco el fantasma de una voz amiga que me conceda el permiso de hablarte, abrir mi alma, sentirte. Pareces una estatua de marfil blanco en el centro de la habitación. Aún con miedo de que desaparezcas estiro mi mano hacia tu piel perfecta y entro en contacto contigo. Estoy maldito, hechizado con un embrujo que creció con tu cuerpo cuando, unido al mio, compartimos los sueños del País de Nunca Jamás, un país lejos de maravillas y Peter Panes si tu no estás.

A pesar de saber que tu y yo debemos estar juntos, todavía temo por la posibilidad que nunca pasará, que este vida no sea de placeres, pero temo más aún el final feliz que contigo está escrito en una de las hojas de mi libro de vida, la que se desprendió y cayó al fuego, la única que, quemada por la hoguera del bienestar, vive aún en esencia como una hoja perdida a lo último de mi cuento sin final.

Con el contacto de tu piel recuerdo nuestro tiempo y escribo el quinto poema consecutivo en donde pregunto por tu paradero, por tu belleza que me deslumbra por las noches y me desvela sin sentido recorriendo, con besos de fantasía, cada rincón de mi alma regocijada por las caricias de esos labios suaves, pequeños, únicos a mis ojos. Tu aroma invisible me lleva al tejado de mis sueños y observo locamente lo que has hecho con mi vida, convertido en un demente que aún te siente sin poder negarlo al viento. Aún me tienes sin controlarlo.

De repente, al contacto de mi piel, te vas, se esfuma tu cuerpo blanco y perfecto de mi cuarto, se cierra la gran puerta que da al pasillo antiguo, se apaga toda luz que me brindaba esperanza y asesino tu recuerdo con tinta y trazos de dolor por las cosas que no sucederán. Mi energía vuela para encontrarte, lucha por llenar la transparencia  insoportable de la distancia, del tiempo, de la lógica. Mi cuerpo se rinde al sueño, al agotamiento y me duermo en el centro, en tu lugar. Cierro los ojos. Duermo.

Despierto. Abro los ojos y tu no estás en el lado evidentemente vacío de mi cama. Y tu ya no estás en energía y presencia, te fuiste y dejaste un agujero en mi.

Gritos de tinta

Una palabra vibra en mis venas reclamando la atención de mi alma. Baja por mis dedos y decide salir con cuerpo curvado y alma de tinta. La palabra se llama Anhelo.

¿Donde estás, de nuevo, hermosura perdida? Olvidada entre teclas y disparos electrónicos estaba la melodía que grita la tinta muriendo en el papel. El mismo impulso salvaje y animal controla mis nervios y movimientos hasta que decide que ha dicho suficiente para una noche, hasta que ha creado un mundo azul
 melancolía para morir.

Luego de todo el estruendo tenebroso de gritos y lamentos emitidos por un poema asesinado en prosa sobre una libreta cualquiera decido darme cuenta que sigo siendo el mismo iluso enamorado del amor, ilusionado con una historia no escrita en el libro de mi vida, esperando sentado un cruce de miradas etéreas, un nombre, un abrazo fuerte.

Una elección hecha que marcó mi camino. Estuve dispuesto a seguir la misma senda, cumplir las profecías, fluir con mi destino.

Recuerdos en una canción

Copos de nieve caen bajo el techo de mi casa, cierro la puerta para que las ideas no salgan corriendo por el frío, o por el miedo. Una canción vieja suena por las paredes, la escucho y dibujo una sonrisa en mi cara, recordando la tuya que por tanto tiempo tuve sobre mi cuerpo.

Abrazos fríos inexistentes. Tus palabras juguetonas y tu risa sincera diciendo mentiras ilustradas con ilusiones y de nuevo sueño con estar protegido y amado aunque no estés ni hayas estado. Sin embargo decido que tal vez, por una luna, pueda volver a ser ese a quién el tiempo mató, quizá tenga nuevos resultados si soy vulnerable, puede ser que mostrarme como soy ya no me haga daño.

Lluvia de recuerdos empapan la alfombra de sueños muertos y poco a poco florecen en tiempo de primavera, los pájaros cantan todas las melodías que un día supe y olvidé con sangre y caigo en la conclusión de que ya no tengo esas heridas abiertas, quiero cantarte a la distancia y recordarte como mereces, con ofrendas y perfumes, con todo lo que no tenías y todo lo que sí.

Me levanto con un impulso ciego, tomo una llave de las que boté hace algún tiempo, de las que están oxidadas por el pánico de ver ese espejo, en esa habitación cerrada y bloqueada con una placa que dice "Cuidado. Inocencias y romanticismos salvajes". No puedo evitar abrir la puerta con una esperanza de que todo esté intacto y muerto al mismo tiempo y lo que encuentro es el viejo piano que me enseñó el arrepentimiento y partituras en el suelo con sueños de una vida juntos pero lo más importante es esa fotografía de un beso de un niño y su amor. ¿Quieres que te cante una canción?

Cuando el corazón despierta XVI

-Hoy-

Hoy.

Hoy no sé que luna es, no sé en que signo está, no sé cuanto va a durar.

Pero hoy.

Hoy es un día en el que puedo caer, dejar todo botado por volver a perseguir un sueño que no tiene sentido, un sueño contigo.

Hoy deseo que la vida sea más corta, que llegue el momento al final de camino cuando nos tomamos de la mano y te miro, y te digo: Hoy por fin te he conocido y ya estas aquí conmigo.

Hoy deseo de nuevo por una sola vez que veas lo que yo veo y que sientas que lo que escribo es para ti.

Hoy sé que algo cambio durante el día, un recuerdo más pesado me domina y no me deja pensar, ni dormir, ni respirar porque de nuevo eres mi vida, mi muerte mi tortura más querida, mi obsesión incurable. Porque no sé que tienes que me guía hacía una necesidad enfermiza y con tu incredulidad tan tierna me pasas tus emociones yo las siento y lo sabes y compartimos por eones lo que en mis sueños se propone mi yo más ingenuo de dieciséis o menos.

Pero no.

Porque sé que hoy también puedes caer conmigo y caeríamos juntos en un lugar más oscuro que una noche sin luna, una noche como hoy.

Pastel de dulce de Veneno

Ingredientes:

- Oscuridad oculta, del interior del ser
- Harina de desilusión y recuerdos
- Sueños rotos con sangre de corazón
- Risa amarga, añejada con varios años de resignación.

Proceso

Disponemos de la Harina en un tazón grande de ideas, de mente y paranoias. Agregamos la oscuridad para perdernos en nuestros propios deseos y miedos. A continuación agregamos varias pizcas de sueños rotos, para la necesidad suicida de sentir dolor, cada vez, sin aprender. Hornear por años de máscaras y mentiras, lágrimas escondidas en un alma cicatrizada. Ponemos lo que finalmente es nuestro veneno y podemos reír amargamente cada vez que un trozo quema nuestra fuente de vida vital.

Cuando el corazón despierta XV

-Pensamientos incoherentes-

Y de nuevo abro la mente pensando en ti. No existe nada más que un salto suicida hacia lo desconocido, hacia donde estás, hacia donde te escondes. La Ananke que conocí ya no volvió, se perdió en el bosque cuando intentó jugar conmigo. ¿Y ahora quién es el culpable de su extravío? ¿El pobre poeta sin rumbo, o el asesino consciente de sus crímenes?  Los cientos de personas en mi mente hacen rituales y congresos para olvidar mis culpas, mis heridas, mis recuerdos.
 Algún día podría suceder.

Una noche oscura en las alas de un dragón me enseña la Luna y su sonrisa mágica mientras planea toda su venganza contra mi vida, mientras desea mi sangre para hacerse más fuerte. Cada vez que me elevo tus manos me agarran, siempre te encuentro en mi cuarto, en mi cuerpo, en mi piel, en mi olor. Eres como un camaleón que se esconde, pero con veneno que me enferma y vuelvo a caer en tus juegos, lo sientes, lo sabes y lo disfrutas.

Lo que pudo ser y nunca fue ya pasó, ya no tiene control sobre mis emociones pero ahora lo que puede pasar ocupa las habitaciones de mi interior. Los sueños se cumplen y los viejos deseos se quedaron abandonados y esperando que poco a poco se marchiten, se rompan y se mueran en aquel desierto de esperanza por donde algún día volveré a pasar.
Algún día contigo
O sin tí